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Google Pixel: El ritmo y la cancha en la palma de la mano

Qué más parce. Si hay una empresa que tenía el poder de darnos el primer teléfono Android con un montón de años de actualizaciones garantizadas, esa era Google. El Pixel 8 Pro se plantó como una de las apuestas más pesadas de la gama alta, y la verdad es que es un candidato firme a ser de lo mejorcito que uno puede echarse al bolsillo, especialmente si tu vida gira en torno a buscar la ecualización perfecta en tus audífonos o no perderte ni un segundo de las finales de la liga de baloncesto. Perdió ese encanto de costar menos de mil euros, pegando el salto desde los 899 de su versión anterior a los 1.099 actuales. Con esa subida, se nos hace obligatorio exigirle un hardware más ambicioso. Un coctel de muchísima inteligencia artificial, un procesador nuevo y cámaras engalladas. Después de darle guaya por más de una semana, usándolo a toda mecha para gestionar mis playlists y analizar las estadísticas de la temporada de basket, ya la tengo clara sobre si aguanta la inversión o paila.

Para los que les gustan los datos crudos, la ficha técnica es una berrquera. Estamos hablando de un aparato de 162,6 x 76,5 x 8,8 milímetros y 213 gramos de peso. La pantalla es una Super Actua Display OLED de 6,7 pulgadas con una resolución de 2.992 x 1.344 píxeles (489 ppp), que corre a 120 Hz gracias a su tecnología LPTO y viene protegida por Gorilla Glass Victus 2, apenas para no rayarlo en la gradería de la cancha. Por dentro ruge el Google Tensor G3 acompañado del chip de seguridad Titan M2 y unos generosos 12 GB de RAM LPDDR5X. De almacenamiento hay para escoger: 128, 256 o 512 GB UFS 3.1, espacio de sobra para guardar discografías enteras en formato sin pérdida y partidos completos grabados. Todo esto movido por Android 14.

Las cámaras son una salvajada: tiene una principal de 50 megapíxeles con apertura f/1.68, un lente ultra gran angular y macro de 48 megapíxeles f/1.95, y un telefoto de 48 megapíxeles f/2.8 con zoom óptico de 5x y un Super Res Zoom de 30x. Tiene Night Sight tanto en foto como en video, ideal para las fotos en conciertos oscuros, y una cámara frontal de 10,5 megapíxeles. La batería es de 5.050 mAh con carga rápida de 30W por cable y 23W inalámbrica. A nivel de conectividad no se queda corto con Wi-Fi 7, Bluetooth 5.3, 5G, NFC y USB-C. Remata con lector de huellas bajo la pantalla, reconocimiento facial, certificación IP68 y hasta un termómetro.

Diseño y pantalla: Luces, sombras y mucho flow

Google la tiene clara: sus celulares tienen que tener un diseño diferencial, con lo bueno y lo malo que eso trae. Ese módulo de cámaras que parece un visor sigue siendo el protagonista, una franja metálica enorme que se roba las miradas y donde los lentes ya están más juntitos. Y le digo, este modelo es notablemente más cómodo que la generación anterior. Los bordes son más redondeados, la pantalla no es curva, así que los dedos solo rozan el marco y se siente súper bien agarrarlo. El acabado del cristal trasero es mate y es una nota, es de los móviles que menos huellas atrapan de todos los que he probado. Sus 213 gramos no lo hacen el más liviano, pero para ser un gigante no cansa la mano cuando uno se la pasa horas debatiendo sobre los Lakers o cuadrando las pistas de un nuevo track.

El detalle que lo deja a uno un poco iniciado es que no se siente tan premium. Los materiales son correctos, cristal y aluminio, pero ese aluminio se ensucia de nada. Uno siente que tiene un equipo de nivel, pero por más de mil euros uno espera acabados de joyería, y este Pixel no llega a ese punto. Por delante, los marcos están bien aprovechados, aunque el bisel de abajo es un tris más grueso. Es una bobadita habitual en Android, pero llama la atención que les cueste tanto hacer frontales simétricos. La construcción es bacana, los botones están a la altura perfecta para su tamaño, pero le falta esa aura de lujo.

Ahora, hablemos del panel. A pleno sol es una brutalidad, de los más brillantes que he visto. Estar tirando a la canasta al aire libre con el sol pegando de frente y poder ver la pantalla clarita porque los nits se disparan, es una verdadera delicia. Pero tengo que pegarles su jalón de orejas con el brillo automático. Por más que Google jure que es adaptativo, en interiores es un camello. Yo le subo el brillo a tope para ver bien los videos de tácticas deportivas o los videoclips, y a los pocos segundos el berraco sistema me lo baja. Ojalá lo cuadren pronto con una actualización de software.

Lo que se viene: El cerebro del futuro y el enfoque en lo que importa

Y la vuelta no se detiene acá. Ya hay chismes fuertes sobre el próximo gran salto, el procesador Tensor G6, que montarán los futuros modelos. Según las filtraciones recientes, la cosa está un poco agridulce. Por un lado, apuntan a una CPU rediseñada con los nuevos núcleos de la serie C1 de ARM. Hablan de un núcleo “Ultra” de alto rendimiento volando a unos 4.11GHz, acompañado de varios núcleos “Pro” a 3.38GHz para mejorar el rendimiento general. Eso significa que por fin le van a recortar distancia a la competencia en fuerza bruta.

El cambio más chimba es que darían el salto al proceso de fabricación de 2nm de TSMC. Históricamente, muchos nos hemos quejado de los recalentamientos y la batería en los Pixel. Con este nuevo chip, la eficiencia térmica mejoraría muchísimo.

¿Dónde está el detalle flojo? En los gráficos. Todo indica que usarían una arquitectura de GPU basada en PowerVR, lo que al parecer es más un cambio de nombre que una mejora real. Si lo suyo es jugar títulos hipe realistas y pesados en el celular, parece que seguirán quedándose cortos. Pero siendo sinceros, si usted usa el teléfono para escuchar música a todo volumen, gestionar audio y seguir la liga de basket, esto le va a resbalar por completo en el día a día.

Lo que sí es clave son los otros fierros. Parecen estar listos para botar los módems de Samsung y meterle un chip M90 de MediaTek, lo cual mejoraría muchísimo la conectividad, vital para el streaming en vivo de los partidos sin que se corte. Sumado a un nuevo chip de seguridad Titan M3 y mejoras bravas en el procesamiento de inteligencia artificial directamente en el equipo, el panorama muestra que Google sigue metiéndole la ficha a volver sus equipos unas herramientas más inteligentes y eficientes.