Motorola y sus dos caras: Baterías inagotables, diseños finos y la terquedad del botón asistente
Si algo nos había dejado maquinando del Moto G9 Plus era su aguante, pero resulta que el verdadero rival estaba durmiendo en la misma casa. El nuevo Moto G9 Power entra pisando duro, y aunque a simple vista parece un gemelo de su hermano menor, el G9 Play, la historia cambia totalmente cuando miras las tripas. Ya el G8 Power nos parecía una bestia con esos 5.000 mAh que no se acababan nunca; pues bien, a este le metieron una pila de 6.000 mAh. Es una locura y, sin duda, la carta de presentación que le da todo el sentido a esta serie de la gama media.
Pero la jugada de la marca no se queda solo en armar celulares tipo ladrillo que no piden enchufe en dos días. Hace poco estuve cacharreando con el Motorola Signature y la experiencia es un viaje muy distinto, buscando ese punto caramelo entre funcionalidad y pinta. Mientras el G9 Power es un equipo francamente voluminoso y pesado que aprovecha su tamaño para meterte hasta el minijack de audio en el borde superior, el Signature se va por un perfil súper delgado y una estética que entra por los ojos, sumando unos altavoces sorprendentemente buenos y un juego de cámaras bastante competente.
No me malinterpreten, el diseño del Signature no es que se haya inventado el agua tibia frente a otros Motorola recientes. Muchos colegas tildarían esa continuidad visual de “aburrida”, pero la verdad es que la ejecución es tan limpia que siempre se siente una nota tenerlo en la mano. Esa parte trasera con un toque de textura te da un agarre firme y le mete mucha más personalidad que el típico y quemado vidrio esmerilado que ya hemos visto hasta el cansancio. Eso sí, la primera vez que le eché ojo al color de mi unidad de prueba, el Pantone Martini Olive (una especie de tono oliva, un cruce raro entre verde y amarillo), no me cuadraba para nada. Pero, como muchas vainas en la vida, le fui cogiendo cariño con los días mientras le daba palo como mi celular de uso diario.
Por su lado, el G9 Power es mucho más tradicional y mantiene los clásicos rasgos de la casa que uno reconoce a leguas. La tapa trasera —que puedes conseguir en un morado Electric Violet o un verde Metallic Sage— sigue llevando el logo de la M en todo el centro, sirviendo de paso como lector de huellas. El módulo de cámaras, que en el G8 iba bien centrado, ahora lo mandaron para una esquina conservando esa forma cuadrada de dado que sobresale un tris. En la cara frontal nos topamos con un panel plano de 6,8 pulgadas con resolución HD+ Max Vision. Los bordes son delgaditos, salvo la típica barbilla inferior, y la cámara selfie viene incrustada en la pantalla. Se queda corriendo a 60 Hz y, aunque no han cantado oficialmente la tecnología del panel, conociendo la familia G9 pónganle la firma a que es un IPS.
Para los que les gusta saber exactamente qué mueve al equipo, aquí les dejo el escaneo rápido de los fierros del G9 Power:
| Componente | Especificaciones |
| Motor y Memoria | Qualcomm Snapdragon 662, 4 GB de RAM, 128 GB de almacenamiento (expandible hasta 512 GB con microSD). |
| Cámaras traseras | Principal de 64 MP (f/1.8, 1,4 μm), Macro de 2 MP (f/2.4, 2,5 cm) y Profundidad de 2 MP. Graba video en FullHD. |
| Cámara frontal | 16 MP (f/2.2, 1 μm). |
| Batería y Sistema | 6.000 mAh con carga rápida de 20W. Viene con Android 10. |
| Conectividad | LTE, Bluetooth 5.0, Wi-Fi 802.11 ac (2,4/5 GHz), NFC, GPS (AGPS, LTEPP, SUPL, Glonass, Galileo). |
| Cuerpo y Extras | 172,14 x 76,79 x 9,66 mm, 221 gramos. Resistencia al agua, Dual SIM (o SIM + microSD), USB tipo C y radio. |
Ahora, hay un detallito en el que tanto el robusto G9 Power como el fino Signature cruzan caminos. Es una maña que Motorola parece no querer soltar por nada del mundo: la terquedad con los botones dedicados. A diferencia de casi toda la industria que ya mandó esa idea a recoger, ellos siguen sacando pecho por incluir botones físicos extra. En el G9 Power es un botón exclusivo para llamar a Google Assistant de una; en el Signature, es una tecla de Inteligencia Artificial clavada en el costado izquierdo, justo donde uno esperaría encontrarse un switch para silenciar el teléfono o un botón de acción configurable. Yo valoro que me den herramientas para agilizar el camello, pero qué vaina que esa tecla de IA (al igual que la del Assistant) no se pueda remapear para absolutamente nada más. Estás amarrado a interactuar con sus funciones, te guste o no. A veces, por más batería gigante o diseño elegante que tengas, son esas pequeñas decisiones las que te dejan un sabor un poco agridulce.