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El rey de Android se pone a dieta, pero arreglarlo te puede sacar un ojo de la cara

Bueno, llegó la hora cero. Este es uno de esos análisis que de verdad marcan el año. El Samsung Galaxy S25 Ultra se planta otra vez con ganas de llevarse la corona en el ecosistema Android y, cómo no, de darle pelea de frente al iPhone 16 Pro Max. La movida aquí es clara y bastante continuista: si el modelo anterior ya era un fierro y a la gente le tramó, para qué ponerse a inventar el agua tibia. Lo que hicieron fue pulir esa base tan brava que dejó el S24 Ultra, metiéndole inteligencia artificial hasta por los ojos, para sacarle al mercado un equipo que va a poner a babear a los que buscan lo más top de la gama alta.

Hablando a calzón quitado, el que se mete con un S25 Ultra sabe a lo que va y no hay discusión que valga: le gustan los teléfonos gigantes. Sigue siendo un panelazo de 6,9 pulgadas, con resolución Quad HD+ sobre una pantalla AMOLED LTPO que corre a 120 Hz, resguardada por ese cristal Gorilla Glass Armor 2. Todo empacado en un diseño rectangular de más de 16 centímetros de alto. Pero la marca hizo la tarea con las dimensiones. Este bicho bajó a 218 gramos, frente a los 233 del año pasado, y además es un poco más delgado. Y uno dirá, ¿esa vaina en serio se nota? Sí. Tampoco es que sea una pluma, no nos digamos mentiras, pero mantener los mismos materiales premium, el S-Pen integrado, la protección IP68 y una batería de 5.000 mAh con carga rápida de 45W, logrando bajarle el peso, es un camello que toca reconocerles.

Bajo el capó, esto es una bestia. Viene con el procesador Qualcomm Snapdragon 8 Elite, 12 GB de RAM fijos y opciones de almacenamiento que van desde los 256 GB hasta una tera. El módulo de cámaras sigue siendo grosero en el buen sentido: un sensor principal de 200 MP con estabilización óptica, acompañado de un telefoto de 50 MP con zoom óptico 5x, otro de 10 MP con zoom 3x y un ultra gran angular de 50 MP. En el frente, te defiendes con 12 MP. Todo esto corriendo sobre Android 15 con la capa de One UI 7 y volando en conectividad con WiFi 7 y 5G.

Pero aquí viene el baldado de agua fría, el detalle que a uno casi nunca le cuentan cuando está desembolsando el billete.

Siempre hemos tenido esa idea en la cabeza de que los teléfonos de Samsung, al darte a veces especificaciones más brutales o mejores funciones por una plata similar a la de un iPhone, son la opción sensata, la que rinde más. Uno asume por inercia que también van a ser más baratos de arreglar. Pues resulta que reparar uno de estos juguetes te puede salir hasta un 60% más caro que cuadrar un teléfono de la manzana, incluso si los tienes asegurados.

Según unos datos recientes que soltó Insuranceopedia, la cuestión es que meter un Samsung por el seguro de Samsung Care+ te significa un golpe de entre 100 y 120 dólares por reparación. En la otra esquina, el chistecito con Apple Care+ ronda los 75 dólares. El abismo entre los dos precios radica en que los de Cupertino manejan tarifas de servicio fijas, entonces tú ya sabes a lo que vas y no te llevas sorpresas. Samsung, por su lado, maneja un modelo de precios variable que depende directamente del equipo y de qué tan grave fue el porrazo.

Obviamente hay que mirar esto con lupa y no tragar entero. Promediar los costos de Samsung es un poco tramposo porque ellos tienen en su catálogo esos bichos ultra premium como la línea Z Fold. Esos teléfonos plegables son un complique de reparar por la cantidad de componentes complejos que traen, y eso naturalmente dispara los promedios hacia arriba. Sumado a eso, los costos del seguro y la mano de obra varían muchísimo dependiendo de si estás en Bogotá, en Madrid o en Nueva York. Al final del día, tener lo mejor de la tecnología en el bolsillo tiene un costo oculto; este Galaxy S25 Ultra es una máquina tremenda que roza la perfección técnica, pero piénsalo dos veces antes de dar papaya y dejar que se te vaya de jeta contra el piso.