CRONICA III: VALIENTE Y LA CHISPA QUE ENCENDIÓ LA LLAMA

CRONICA III: VALIENTE Y LA CHISPA QUE ENCENDIÓ LA LLAMA

Siempre me ha parecido fascinante el encuentro de diversas historias de vida en un mismo lugar y, por supuesto, el grupo de diseño del proyecto Valiente no fue la excepción, prueba de ello son los testimonios de Maria Laura Montesinos, Chloe Andrea Calderón y Carmen Luisa Nava; ellas compartieron conmigo lo que ha representado su

Siempre me ha parecido fascinante el encuentro de diversas historias de vida en un mismo lugar y, por supuesto, el grupo de diseño del proyecto Valiente no fue la excepción, prueba de ello son los testimonios de Maria Laura Montesinos, Chloe Andrea Calderón y Carmen Luisa Nava; ellas compartieron conmigo lo que ha representado su participación en el grupo de diseño y cómo lo vivido aquí, ha sido el mejor aliciente para encender una llama que ahora ilumina su futuro próximo, uno en el que la moda es parte fundamental.  Estas son sus historias:

Desde 2019, Maria Laura vive con su esposo y su hijo en Medellín, antes de migrar a Colombia vivía en Carabobo – Venezuela, donde tenía una tienda propia de repuestos para automóviles. Recuerda que cuando era pequeña, asistió al concurso Miss Carabobo y se deslumbró con el brillo y el vuelo de los vestidos de las participantes, en ese momento sintió que quería hacer parte de esa faceta del mundo del diseño y si bien, el paso del tiempo trajo a su vida otros intereses, su formación como economista nunca la alejó de su enorme afinidad con la moda; seguía atenta las pasarelas internacionales y la trayectoria de diseñadores como Gianni Versace, Marc Jacobs o Stella McCartney.

Su gusto por los vestidos hechos a la medida nunca desapareció y, por el contrario, nombres de modistos venezolanos como Giovanni Scutaro o el colombiano Alfredo Barraza han sido importantes referentes para ella.  La convocatoria para Valiente llegó de repente y rápidamente se inscribió.  Hoy, tras su paso por el proyecto, siente que cada una de las asesorías y las actividades realizadas aviaron su gusto latente por el mundo de la moda, en especial el reto de diseño de un moodboard en el que tuvo que plasmar formas, texturas y una paleta de color.

Ella eligió a la ciudad de Caracas como referente inspiracional, un lugar por el que siempre ha sentido fascinación y, mientras diseñaba aquella imagen, tuvo la certeza de querer dedicarse a la moda desde ese momento.  Ahora, Maria Laura ya tiene una lista clara de los cursos que iniciará en el último trimestre del año: costura, ilustración y el aprendizaje de programas básicos de diseño para computador, hacen parte de su derrotero.

Para ella, cada uno de los facilitadores del programa fueron claves para desmitificar todo aquello que el estudio de la moda implica y, aún más, redescubrió que la economista es sensible al diseño y creativa con respecto a la moda; de hecho, Maria Laura afirma que los muchos espacios de soledad que ha vivido desde que llegó a Colombia, le han servido para plasmar lo que imagina, como un vestido que represente las altas palmas del Quindío o los románticos trajes de novia que sueña diseñar.  Bocetos que describe con palabras en una libreta que ha elaborado durante estos meses, ideas que plasma gracias al acopio de valor para romper las barreras autoimpuestas, a la confianza que ha adquirido y, por supuesto, a las oportunidades que ha sabido aprovechar cuando llegan, tal y como ocurrió con Valiente.

Chloe Andrea Calderón es introvertida, determinada y muy sensible, no en vano, hace cinco años, el cambio de vida de Caracas a Medellín representó para ella una transición compleja que, paulatinamente superó.  Hoy a sus 23 años y después de haber vivido la experiencia de Valiente se emociona y agradece al proyecto por despertar de nuevo en ella su faceta creativa e innovadora, cualidades que probablemente heredó de su abuelo, quien en Caracas tenía dos sastrerías.

Con cariño recuerda cómo su padre le ayudaba a su abuelo a administrar los dos lugares, mientras alternaba su labor como periodista.  En el rostro de Chloe se esboza una sonrisa al mencionarme que era su padre el encargado de hacer los arreglos de costura de sus uniformes del colegio. Sin duda, la influencia de ese ambiente resultó definitivo para su gusto por la moda, su inclinación por el dibujo y su enorme habilidad por el trabajo manual.  Aspectos que durante las capacitaciones no solo afloraron, también se potenciaron cuando abordaron temas completamente nuevos para ella como la historia de la moda.

Conocer la estética de los años 50 y de la edad dorada de Hollywood a través de iconos como Grace Kelly, no solo fue acceder a nuevos conocimientos, sino también encontrar identificación con otras temáticas e inspiración en cada uno de los encuentros con los facilitadores.  Para ella su paso por Valiente está lleno de vivencias y de aprendizajes como los retos de diseño, los cuales fueron definitivos para ratificarle que su futuro profesional se resume en crear.  Una vez lo tuvo claro, indagó por diferentes carreras y optó por el diseño visual, un pregrado que empezó hace poco y cuyas herramientas le resultan ideales para canalizar su imaginación y plasmar su pasión por la moda.

Acerca del balance personal sobre Valiente, afirma sentir un enorme agradecimiento, pues el proyecto la acercó a la moda, cada una de las clases le demostraron que es posible abrirse camino en esta industria y aún más, descubrió que poseía las capacidades creativas y la sensibilidad para convertirse en diseñadora.  Para ella Valiente fue ese catalizador capaz de reconfigurar muchos aspectos de su vida; así las cosas, cuando le pregunté por una frase que definiera lo que representó el proyecto para ella, sin dudarlo Chloe dijo: “gracias a Valiente encontré el equilibrio que buscaba”.

Para Carmen Luisa Nava no fue fácil decidir dejar Venezuela para mudarse a Colombia y aceptar la práctica universitaria que Blanca Fernández, una diseñadora colombiana radicada en Riohacha, le ofrecía.  Tras pensarlo algunos meses decidió arriesgarse y hace cuatro años llegó al país; su pasantía en la capital de la Guajira fue el inicio de una historia que tiene en la moda a su hilo conductor.

Esa primera experiencia no solo representó su último requisito para graduarse como diseñadora de moda, sino también el enamoramiento por el trabajo artesanal de la cultura Wayúu.  En el taller de Blanca Fernández, Carmen era la encargada de dibujar los textiles que después los artesanos tejerían, una labor que disfrutó enormemente durante dos años, momento en el que consiguió un nuevo empleo en una empresa de herrajes en Medellín y, rápidamente, sus dinámicas laborales cambiaron, eso incluyó el acompañar a su nueva empresa a Colombiatex y ser testigo de una feria que la emocionaba tanto como Colombiamoda.

Poco después la pandemia llegó y como muchos, navegó la ola de la incertidumbre.  Se enteró del proyecto Valiente, se inscribió, pasó e inició un proceso de capacitación que para ella representó el resumen de todo lo que fue su carrera universitaria, pero elevado al cubo de manera figurativa y literal, pues además de toda la actualización en términos de conocimiento, Carmen fue seleccionada para hacer parte de El Cubo en el marco de Colombiamoda. Un espacio de visibilización para talentos emergentes, un verdadero reto para ella a nivel personal y profesional, pues desde ese momento inició una suerte de maratón en la cual tuvo que poner a prueba su habilidad para conceptualizar y desarrollar una colección.

Así nació Visibles, una historia que tuvo un lugar entre las pasarelas presenciales de La Semana de la Moda de Colombia, una colección inspirada en su migración y en la de millones de personas que viven este fenómeno.  Palabras como amor, valientes o respeto están escritas en algunas de las prendas como una declaración indeleble de su experiencia. Precisamente, comunicar mensajes de empoderamiento es lo que Carmen Nava desea hacer a través de lo que será su firma homónima.

Ahora su reto es la formalización y la estructuración de su marca, un salto enorme que nunca imaginó meses atrás y que ha sido posible gracias a la vitalidad que Valiente le brindó, pues según ella, la chispa estaba allí, pero era débil y este proceso la despertó.  Hoy siente que tiene una conexión diferente con las texturas, percibe de otra forma los colores y encuentra inspiración donde antes no.  Asegura que su reto más grande es mirarse todos los días al espejo y ser consecuente con lo que ha dicho: seguir soñando, nunca rendirse y trabajar día a día para cumplir todo aquello que ha anhelado.

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